Espiritualidad de Juventud y Familia Misionera

Cristo está en el origen de toda vocación cristiana. Es Él quien llama. La palabra «vocación» significa, precisamente, «llamado». Y el primer y fundamental llamado que Cristo hace a todo hombre es a seguir sus huellas por el camino del amor. Esta vocación conlleva un llamado a la santidad y al compromiso apostólico.

  • Jesucristo: es modelo de transformación e ideal de vida, su amistad con Él es el fundamento de su vida cristiana.
  • Santísima Virgen María: el misionero le ama con un amor filial y tierno, es su modelo de virtudes, especialmente la caridad, humildad, obediencia y pureza.
  • La Iglesia: El misionero rinde lo mejor de sí a la Iglesia, se pone a su servicio pues le ama apasionadamente, le sirve a través de su apostolado.
  • El Papa y los Obispos: el misionero ama con devoción, respeto y obediencia filial a los mandatos del Papa y los Obispos.
  • El prójimo: el misionero valora el amor que Cristo tiene por cada persona, reconoce la importancia de la salvación de una sola alma y se esfuerza para contribuir con esta valiosa tarea.

Vida espiritual del misionero

El misionero es un hombre de Dios, la oración, por tanto, es parte esencial de su vida.
La oración es la gran puerta de entrada en la fe. Quien ora ya no vive de sí mismo, para sí mismo y por sus propias fuerzas. Sabe que hay un Dios a quien se puede hablar. (470 pag. 259 Youcat).

Las misiones de Juventud y Familia Misionera son un instrumento de evangelización. Los misioneros son jóvenes y familias católicas que tienen el profundo deseo de compartir y aprender de su fe. Las misiones se realizan en una comunidad rural o urbana de manera periódica y sistemática, conforme a una metodología específica, con la aprobación del respectivo obispo y la dependencia del párroco del lugar.

Obejtivo de una misión

Llevar el mensaje de Dios a cada casa, persona y familia.

¿Qué se busca en la misión?
  1. Fomentar la vida de oración a partir de la lectura del Evangelio
  2. Imprimir en el mundo un estilo de vida cristianamente auténtico que invite a la formación constante, al compromiso parroquial y a la transformación de un corazón misionero.
  3. Fortalecer la participación sacramental y si la comunidad lo requiere, ayudar en la preparación para la recepción de los mismos.
  4. Invitar al sacramento de la confesión.
  5. Ofrecer medios y herramientas que faciliten la catequesis.
  6. Promover un ambiente de estima y aprecio hacia el párroco y sacerdotes del lugar para generar una participación activa en la parroquia.

Los misioneros son hombres y mujeres que han percibido en sus corazones el mandato de Cristo: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio” (Mc. 16, 15).

Asumen la gran responsabilidad de no permanecer indiferentes o pasivos ante las necesidades del mundo y de la Iglesia, buscan instaurar el Reino de Dios, un mundo donde reine el amor.

Los misioneros son mensajeros de fe, conscientes de que Cristo hoy más que nunca necesita de apóstoles convencidos, de evangelizadores que quieran ponerse sin reservas a disposición de esta gran misión redentora a la que todos los cristianos estamos llamados.

Las cualidades del misionero

  • Vive con un amor apasionado por Cristo.
  • Es hombre o mujer de fe, su vida la hace oración
  • Es humilde, atento a las oportunidades para hacer el bien.
  • Predica con el ejemplo, ama a través de sus acciones.
  • Es generoso, busca servir a los demás.
  • Es tenaz, no desiste del esfuerzo.
  • Realista y eficaz en su labor.
  • Es compasivo, comprende el sufrimiento de los demás.
  • Es comprometido con su trabajo
  • Es alegre, un misionero transmite la alegría por el Evangelio.

Un misionero se forma (disposiciones):

  • Orando y reflexionado la Palabra de Dios, busca conocer el corazón de Cristo.
  • Trabajando con pasión por la salvación de las almas.
  • Buscando ir más allá de lo necesario, es un apóstol entusiasmado por la evangelización.
  • Comprendiendo y viviendo la liturgia y los sacramentos.
  • Tomando consciencia de su misión, viviendo de esta manera con un ardiente celo apostólico.

Se ponen a disposición del párroco para ayudarle en las necesidades más urgentes de sus fieles.

Dedican un tiempo para visitar las casas de la comunidad, qué junto con los miembros de cada familia visitada, hacen una reflexión evangélica, rezan juntos, profundizan en el Evangelio y en el amor de Cristo, y tratan de acercar a las personas a los sacramentos y a la parroquia.

Imparten pláticas de catequesis a los niños, jóvenes y adultos de la comunidad.

Promueven y organizan devociones populares. Por ejemplo, el rezo del rosario, un Vía Crucis, una procesión con el Santísimo Sacramento, etc.

Invitan a las personas a la Santa Misa, y a acercarse al sacramento de la reconciliación.

Colaboran con el párroco en la regularización de matrimonios y en la preparación para la recepción de diversos sacramentos (Familia Misionera).

Capacitan Misioneros locales (Familia Misionera).

Promueven el programa de Evangelizadores de Tiempo Completo (Familia Misionera).

Juventud Misionera Femenina

Jóvenes que han cumplido los dieciseis años de edad.

Juventud Misionera Masculina

Jóvenes que han cumplido los dieciseis años de edad.

Familia Misionera

Familias en las que participan padres e hijos.

Color Misionero

Chicas adolescentes de catroce y quince años de edad.

Fuego Misionero

Chicos adolescentes de catroce y quince años de edad.