Misioneros Adoradores

Todos podemos ser misioneros adoradores.

Podemos postrarnos con sencillez y humildad, ante el Santísimo Sacramento para alabar, glorificar y adorar a Cristo; para agradecerle todas sus bendiciones; para interceder por tantas necesidades que hay en el Corazón de Jesús; para reparar por los propios pecados y los del mundo entero; para ofrecer la propia vida al Señor y para dejarse mirar por Él.

Pidamos a la Santísima Virgen, Estrella de la Primera y de la Nueva Evangelización, que interceda para que podamos contar con un nutrido grupo de misioneros adoradores, de modo que el mayor número posible de personas experimenten el amor y la misericordia infinita de Dios.

Dejemos que Cristo sea el protagonista de la misión, el que proclame la Buena Nueva del Evangelio, el que haga nuevas todas las cosas y evangelice los corazones.

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